
Oleiros
Colegiación n.º 7658
Quizá no tengas claro qué te pasa, pero sí que no quieres seguir así.
Quizá no tengas claro qué te pasa, pero sí que no quieres seguir así. Soy Carlos Hernández Montenegro, psicólogo general sanitario (colegiado G-7658). Amodo Psicología es mi proyecto. Atiendo principalmente online por videollamada a adultos, adolescentes y opositores en toda España. También ofrezco atención presencial en Oleiros y A Coruña, siempre con cita previa. Trabajo desde las terapias contextuales (ACT) y la terapia breve, adaptando el proceso a cada persona y buscando cambios prácticos para el día a día, con las sesiones necesarias y las mínimas posibles. Acompaño procesos relacionados con ansiedad, estrés y presión durante las oposiciones, ánimo bajo, autoexigencia y perfeccionismo, inseguridad y autoestima, relaciones, rupturas, duelo, cambios vitales o problemas de sueño. Si es tu primera vez en terapia, iremos paso a paso, a tu ritmo y sin juicios. Podemos empezar con una llamada de valoración gratuita y sin compromiso.
Población
Grado en Psicología
Universidade de Santiago de Compostela
Máster en Psicología General Sanitaria
Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Oleiros
Amodo Psicología
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El precio de la sesión individual es de 60 €. El pago puede hacerse en efectivo, Bizum, tarjeta o transferencia.
No necesitas estar al límite, tener un diagnóstico ni esperar a que algo se convierta en un problema enorme. Puede ser un buen momento si llevas tiempo intentando manejar algo por tu cuenta y no consigues el cambio que buscas, si está empezando a afectar a otras áreas de tu vida o, simplemente, si piensas: «No estoy fatal, pero tampoco quiero seguir así». Eso ya es motivo suficiente para consultarlo.
Es más habitual de lo que parece. No necesitas llegar con un diagnóstico ni con un PowerPoint sobre tu vida. Puedes empezar simplemente sabiendo que algo no va como te gustaría. Parte de mi trabajo consiste precisamente en hacer preguntas, ordenar contigo lo que está pasando y encontrar un buen punto de partida. No espero que me cuentes toda tu vida en la primera sesión: vamos a tu ritmo. Con un «no sé muy bien qué me pasa, pero últimamente…» tenemos material de sobra.
La primera sesión sirve para entender bien qué te está ocurriendo, qué te ha traído hasta aquí y qué te gustaría que fuese diferente en tu vida. Iremos construyendo juntos una primera imagen de la situación y viendo por dónde puede tener sentido empezar. Y si podemos empezar a mover alguna pieza desde el principio, mejor.
Depende de lo que te traiga y de cómo vayamos avanzando. Normalmente empezamos con sesiones semanales o quincenales y las vamos espaciando según lo que necesites. Todas las que hagan falta, las mínimas posibles.
La evidencia muestra que para muchas dificultades psicológicas, la terapia online es igual de eficaz que la presencial. La forma de trabajar es la misma; cambia el lugar desde el que nos conectamos. Además, elimina desplazamientos y suele ser más fácil de integrar en el día a día. Y si unas semanas te viene mejor presencial y otras online, podemos combinar ambas modalidades.
Que una experiencia anterior no te haya ayudado no significa que otra vaya a ser igual: puede que no encajaras con la persona, con el enfoque o que no fuera el momento. Conmigo iremos revisando si lo que hacemos te está sirviendo y usaremos escalas de seguimiento para tener algo más fiable que un «creo que estoy un poco mejor». Si no avanzamos, prefiero que lo hablemos y ajustemos antes que seguir acumulando sesiones esperando que algo cambie por arte de magia.
El foco del proceso está siempre en el o la adolescente. Cuando sea útil, podremos incluir alguna sesión puntual con los padres para comprender mejor el contexto, resolver dudas o trabajar determinados cambios en casa. Desde el principio dejamos claro qué se comparte con la familia y qué no, y cómo lo organizamos depende de cada caso.
Una oposición puede traer ansiedad, miedo, cansancio, culpa, dudas o bloqueo. Que aparezcan esas reacciones no significa necesariamente que haya algo patológico en ti. Muchas veces son comprensibles ante un contexto exigente, incierto y prolongado. Pero que algo sea comprensible no significa que no pueda estar afectándote mucho. Más que preguntarnos «¿esto es normal?», quizá sea más útil preguntarnos: «¿Cómo está afectando esto a mi vida y a mi forma de opositar?» Si está dificultándote descansar, concentrarte, relacionarte o mantener otras áreas importantes de tu vida, ya puede ser un motivo para pedir ayuda. No necesitamos patologizar lo que te ocurre para tomárnoslo en serio.
Pensar en dejarlo no significa necesariamente que quieras dejarlo. Y tampoco significa que tengas que seguir. Después de meses o años invertidos, esa decisión puede mezclarse con miedo, culpa, expectativas, dinero, identidad y la sensación de que abandonar convertiría todo el esfuerzo anterior en tiempo perdido. Mi papel no es convencerte de que continúes ni de que lo dejes. Es ayudarte a separar todo ese ruido lo suficiente como para que puedas tomar una decisión que tenga sentido para ti.
Puede ser. Pero antes de concluir que necesitas exigirte todavía más, merece la pena entender qué está pasando. Lo que llamamos «falta de disciplina» puede esconder agotamiento, miedo, perfeccionismo, dificultad para concentrarse, una planificación que no funciona o llevar demasiado tiempo funcionando por encima de tus posibilidades. A veces habrá que trabajar hábitos y organización. Otras, el problema será precisamente la guerra que tienes contigo mismo cada vez que no cumples el plan. Primero entendemos qué ocurre. Luego vemos qué merece la pena cambiar.
Una sesión de terapia ocupa casi una hora. Eso es verdad. Pero también ocupa tiempo dormir mal, bloquearte, procrastinar durante horas, estudiar sin concentrarte o pasarte el descanso sintiéndote culpable. La pregunta no es solo cuánto tiempo «te quita» una sesión, sino cuánto tiempo y energía te está quitando seguir funcionando igual. Además, al ser online, no hay desplazamientos y es mucho más fácil encajarla en tu rutina. No se trata de quitarle tiempo a tu oposición, sino de hacer que el tiempo que le dedicas no te cueste tanto por dentro.